1º La primera
intervención de tropas romanas en la
península se produjo en el 218
a.C. En ese momento Roma se
enfrentaba a una guerra a muerte contra Cartago por el dominio del Mediterráneo
Occidental y sufría el ataque de Aníbal.La llegada de tropas romanas a la
Península se produjo para tratar de cortar el abastecimiento de las tropas
cartaginesas, que procedía de sus territorios en la península.
La guerra contra los
cartagineses y sus aliados íberos fue dura, pero también Roma ganó aliados entre las tribus
íberas y celtíberas. El resultado global de la guerra fue la derrota de
Cartago y sus aliados a manos de Roma, por lo que finalmente en torno al año 197 a.C. Romá pasó
a controlar todo el territorio costero de la Península Ibérica desde los
Pirineos hasta el Sur de Portugal. La mayor parte de las tribus íberas del
territorio aceptaron sin excesivos problemas el dominio de Roma.
2. En una segunda fase (a partir del 150 a.C.), Roma se propuso extender su dominio
a los pueblos celtíberos del interior de la Península. Como de costumbre,
encontró una feroz resistencia por parte de algunas tribus, pero también
consiguió la alianza de otras, que se sumaron a sus tropas. Además, el ejército
romano contaba ya entre sus filas con bastantes íberos, por lo que debía
parecer más bien una tropa multinacional al servicio de Roma.
En la penetración en la
meseta se produjeron dos episodios de resistencia muy famosos. Por una parte,
la tribu de los lusitanos encontró en Viriato a un caudillo que entre el 147 a.C. y el 139 a.C.
lideró una guerra de guerrillas contra las tropas romanas que las puso contra las cuerdas. El
terrorismo de Estado, más que la guerra, acabó con la resistencia, pues Viriato
fue asesinado por unos traidores que esperaban recibir una recompensa de Roma.
Aunque tal vez hayas oído la leyenda de que cuando dichos traidores fueron a
cobrar su recompensa el consul romano los mandó ejecutar y dijo esa famosa
frase de Roma no paga
traidores.
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